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10 de enero: el día que un tornado cambió para siempre la historia de San Justo

El 10 de enero no es una fecha más en el calendario para San Justo. Ese día, en 1973, la ciudad fue escenario de uno de los acontecimientos más trágicos y devastadores no solo de la historia local, sino también a nivel mundial.

10 de enero: el día que un tornado cambió para siempre la historia de San Justo

El 10 de enero no es una fecha más en el calendario para San Justo. Ese día, en 1973, la ciudad fue escenario de uno de los acontecimientos más trágicos y devastadores no solo de la historia local, sino también a nivel mundial.

El 10 de enero no es una fecha más en el calendario para San Justo. Ese día, en 1973, la ciudad fue escenario de uno de los acontecimientos más trágicos y devastadores no solo de la historia local, sino también a nivel mundial.

Pasadas las 14 horas y en un lapso de poco más de siete minutos, un tornado clasificado como F5 en la escala Fujita —el nivel máximo de intensidad— arrasó con gran parte de la ciudad. Su paso dejó un escenario de destrucción total, viviendas reducidas a escombros, familias separadas y un dolor que aún hoy permanece en la memoria colectiva.

San Justo era, por entonces, una ciudad muy joven. Había sido declarada ciudad apenas cinco años antes, en 1968. Sin embargo, aquel desastre la dio a conocer en distintos puntos del mundo por la magnitud de la tragedia.

Hasta el día de hoy, la incertidumbre persiste: nunca se logró establecer un número exacto de víctimas fatales y hubo personas que jamás pudieron ser encontradas. Cada sobreviviente conserva su propia historia, distinta y personal, pero todas con un mismo protagonista: el tornado que marcó para siempre sus vidas.

A más de medio siglo de aquel 10 de enero de 1973, San Justo recuerda, honra a sus víctimas y reconoce la fortaleza de su gente, que supo levantarse de las ruinas como el Ave Fénix.
La memoria sigue viva, también gracias a las familias que viven fuera de la ciudad y continúan aportando fotos inéditas y testimonios que ayudan a reconstruir la historia.

Recordar no es volver a sufrir: es mantener viva la identidad de un pueblo que nunca se rindió.

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